domingo, 30 de julio de 2017

Gil Vicente y las danzas de la muerte


Gil Vicente, portugués que escribió también en español, es uno de los primeros escritores lusitanos de renombre internacional. Fue dramaturgo y poeta.


Una de sus obras teatrales, Auto da barca do inferno, tiene mucho que ver con las danzas de la muerte, pues en ella el diablo, cual Caronte, está esperando en su barca y a ella van llegando los personajes: un hidalgo, un agiotista (=usurero), un fraile tragón, una prostituta, un zapatero... A todos se los lleva Belzebú por haberse portado mal. Los buenos sin embargo se montan en la barca de al lado, la del ángel, que lleva a las almas al Paraíso.


La obra es un clásico que estudian en la escuela todos los niños portugueses. Hay muchas ediciones, algunas adaptadas para niños.

miércoles, 19 de julio de 2017

La muerte de Isolda, un fragmento de la ópera de Wagner "Tristán e Isolda"

En Tristán e Isolda, Wagner hace una versión preciosa de la famosa leyenda de amor de origen celta. Cuando Isolda llega al lecho donde languidecía su amado Tristán, lo encuentra muerto, por lo que ella muere poco después a su lado, convirtiendo su idilio en encuentro eterno de la literatura universal.

Los papeles de Tristán e Isolda están considerados los más difíciles del canto en general, son muy exigentes para los cantantes protagonistas, teniendo en cuenta además que la ópera wagneriana dura unas cuatro horas más o menos.

Wagner musicó así el final de Isolda.

lunes, 3 de julio de 2017

Una anécdota de Esparta


Esparta, la ciudad-estado griega de la Antigüedad, era un estado que vivía por y para la guerra. El objetivo de los espartanos era formar a los mejores soldados `posibles para ser temidos por los otros griegos. Los reyes luchaban al lado de los soldados, como el famoso Agesilao II, que aún luchaba en la primera línea... ¡a los 79 años! Los niños, al nacer, eran juzgados por los ciudadanos y, si no eran estimados como "aptos", eran arrojados al vacío desde lo alto del monte Taigeto. Las mujeres también recibían un entrenamiento deportivo-militar.

En Esparta, el amor a la patria y el servicio castrense eran lo primero. De ahí viene la expresión "vida espartana", como sinónimo de una vida llena de sacrificios y duras pruebas de superación personal. Hay algunas películas de cine que muestran bien estos aspectos de la vida espartana, como 300, que describe el sacrificio del rey Leónidas y sus trescientos soldados en beneficio de la polis, para evitar el avance del enemigo persa. Los espartanos murieron en la terrible batalla de las Termópilas, pero infringiendo graves pérdidas a sus rivales.

He aquí una anécdota que refleja bien el gusto espartano por la vida marcial:

Según se cuenta, un día una madre espartana esperaba nerviosa el resultado de una batalla en la que luchaban sus cinco hijos. Un mensajero que regresaba de la batalla le anunció la terrible nueva de que todos sus hijos habían muerto en el combate. Pero ella, enfadada, le recriminó:

"¡Imbécil! No te he preguntado si mis hijos han muerto o no. ¡Lo que quiero saber es si Esparta ha ganado la batalla!"